La Huida

La Huida

Author:Georges Simenon
Language: es
Format: mobi
Tags: Negra, Novela
Published: 2010-04-07T22:00:00+00:00


No hicieron el amor hasta el tercer día. Tres días incoherentes. La habitación, que daba a un patio angosto, estaba amueblada con cosas viejas y mortecinas: una alfombra grisácea que dejaba ver la trama, un sillón cubierto con una tela, un empapelado más oscuro que amarillo y, en un rincón, un biombo que ocultaba el lavabo y el bidé.

La primera noche, Julie se desnudó escondiéndose detrás del biombo, de donde salió con un pijama a rayas azules. Pero durante la noche se lo quitó, pues le molestaba.

Él durmió mal, en la cama de al lado, separada de la otra por una mesilla de noche y una alfombra. No acababa de digerir la cena. Varias veces, al oír ruido en la cervecería, estuvo a punto de bajar a pedir bicarbonato.

Se levantó a las ocho y se vistió sin hacer ruido para no despertar a su acompañante, que había echado hacia un lado las mantas, pues el radiador estaba ardiendo, y el calor era asfixiante. Quizás era eso lo que le había desazonado durante la noche.

Bajó tras dejar la maleta bien a la vista, para que Julie no creyese que se había marchado para siempre. El café estaba vacío. No había nadie para servir y salió a desayunar a un bar lleno de obreros y empleados; luego caminó junto al mar sin pensar en ese otro mar a cuya orilla había soñado con tumbarse llorando.

Tal vez tenía que acostumbrarse. El cielo era de un azul muy claro, infantil; el mar también; parecía el mar que hubiera hecho con acuarela un colegial; las gaviotas se perseguían, blancas a la luz del sol, y los camiones de riego dibujaban franjas húmedas en el asfalto.

Cuando regresó, a eso de las once, se sintió obligado a llamar.

—Adelante...

No podía saber que era él. Sólo llevaba las braguitas y el sujetador. Había enchufado una plancha en el casquillo de una lámpara y estaba planchándose el vestido de seda negra.

—¿Ha dormido bien? —le preguntó.

La bandeja del desayuno se hallaba sobre la mesilla de noche.

—Estaré lista dentro de media hora. ¿Qué hora es? ¿Las once? Si quiere esperarme abajo...

El señor Monde esperó leyendo un periódico de Niza. Se acostumbró a esperarla. Volvieron a comer los dos solos. Luego salieron y, apenas llegaron a la Promenade des Anglais, a la altura del Casino de la Escollera, ella volvió a pedirle que le esperase y desapareció en el Casino.

Luego lo llevó a una calle del centro de la ciudad.

—Espéreme.

En una placa esmaltada podía leerse un apellido griego seguido de la palabra «empresario». Volvió furiosa.

—¡Un cerdo! —dijo sin dar más explicaciones—. Si prefiere pasear por su cuenta...

—¿Adónde va?

—Me quedan aún dos direcciones...

Y, obstinada, apretando los dientes, recorría las calles de una ciudad que no conocía, preguntaba a los guardias, subía escaleras, sacaba del bolso papelitos con más direcciones.

—Sé dónde tenemos que ir a tomar el aperitivo...

Era el Cintra, el bar elegante. Antes de entrar se retocó el maquillaje. Se daba aires. Se preguntó si él sabría comportarse en semejante lugar y entonces pidió ella con voz firme, encaramándose a un alto taburete y cruzando las piernas.



Download



Copyright Disclaimer:
This site does not store any files on its server. We only index and link to content provided by other sites. Please contact the content providers to delete copyright contents if any and email us, we'll remove relevant links or contents immediately.